|
El Imam Ali (P) y la política
Se puede decir que desde
el mismo momento en que se impidió al Imam Ali Ibn Abi Talib (P)
asumir el califato, o bien cuando se lo enfrentó en el período que
efectivamente lo ejerció, se introdujo la primera fisura en el sistema
monoteísta en donde el atributo del Señorío divino supone el gobierno
universal de Dios Altísimo de todo el universo y por lo tanto también
el mundo de los seres humanos. En el Sagrado Corán está claro que
Dios ejerce Su gobierno en este mundo sin coerción, por medio de
la sumisión de los seres humanos al gobierno y guía de Su representante,
Su califa o regente.
Desde el momento en que se aceptaba
que siendo el Imam Ali, el Comandante o jefe (Amir) de los Creyentes,
y siendo reconocido unánimemente como la puerta de la ciudad de
la sabiduría por la distinción que le otorgó el Profeta Muhammad
(BPD) cuando sentenció: "Yo soy la ciudad de la sabiduría y
Ali es su puerta, quien aspire al saber que entre por la puerta",
debía ser obedecido por el resto de los musulmanes como medio de
revivir la guía divina. Siendo que el Profeta lo había nombrado
su visir, su albacea y sucesor, el Imam Ali (P) era el resguardo
del sistema monoteísta para que éste persista como tal en su ejercicio.
Al impedirle la asunción del califato se introduce la semilla de
lo que con el tiempo devendría en un concepto ajeno a la tradición
monoteísta y a la prédica de los Profetas: el de la separación entre
la religión y la política. Al Guía de los piadosos no se le disputaron
sus títulos religiosos ni sus evidenciadas virtudes y aptitudes
espirituales, morales y físicas, pero sí la conveniencia de que
asumiera el poder político por diversas y variadas razones o sinrazones.
Las dinastías monárquicas y usurpadoras de los Omeyas y Abásidas
no harían sino aumentar al extremo la brecha entre la religión y
la política, puesto que si bien se decían sucesores o califas del
Profeta, desde Muawia ya nunca más fue menester ser el más sabio,
piadoso y justo para gobernar hasta el triunfo de la revolución
islámica en Irán y le instauración del sistema de la Uilayat del
Faqih que suele traducirse como el gobierno del Sabio.
Veamos en el Comandante de los creyentes,
Ali Ibn Abi Talib (P) cómo está considerada la política. ¿Es acaso
intrínsecamente mala, como gustan decir algunos, decepcionados por
la corrupción de la mayoría de los políticos? Quién no escuchó la
famosa frase, el poder corrompe. Sin duda que los profetas,
los Imames y los gobernantes justos y sabios son una prueba de la
posibilidad humana de ejercer la autoridad política sin corromperse
ni corromper.
El código o constitución en base
al cual se gobierna en el Islam es el Sagrado Corán y éste condena
categóricamente la corrupción, la opresión, la injusticia, la mentira,
la explotación en cualquiera de las áreas de una sociedad organizada,
sea la económica, la política, la judicial, la cultural, la social,
la militar, etc
El Islam nos enseña que Dios ha elegido
representantes para gobernar a los hombres entre los mejores y más
virtuosos de la creación para garantizar la justicia, la paz y la
felicidad de la gente. "¡ Creyentes! Obedeced a Dios, a Su
Profeta y a los que tienen autoridad entre vosotros" (S. Corán
4:59). El Corán condena explícitamente la opresión y la tiranía
que aparecen cuando los hombres abandonan la obediencia a los hombres
que Dios ha elegido, los Profetas, los sabios y piadosos líderes
como Noe, Abraham, David, Salomón, Moisés, Jesús y Muhammad (BPD),
para nombrar sólo algunos, o bien aquellos que legítimamente gobiernan
en el nombre de aquellos.
Dijo el Profeta Muhammad (BPD): "Aquella
nación o gobierno donde los derechos de los desposeídos, necesitados
y oprimidos no son protegidos, y donde a las personas importantes
y poderosas no se las fuerza a satisfacer esos derechos, no puede
alcanzar la salvación".
Dijo el Imam Ali (P): "Observa
a tu Imam (Guía, máxima autoridad política y religiosa de los musulmanes)
a quien le fueron suficientes en este mundo sólo dos prendas viejas
y dos trozos de pan. Sé que mañana mi morada será la tumba. Su oscuridad
cubrirá mis huellas y no permitirían que lleguen al mundo noticias
mías. Después de todo, una tumba es un pozo, y por más que se lo
prepare amplio y grande, el tiempo reducirá gradualmente sus medidas
y lo llenará de tierra y piedras. Mi atención se concentra en una
sola cosa: conservar mis deseos bajo control a través del amor a
Dios y la piedad, de manera tal que en este mundo no cometa faltas
ni pecados, y el Día del Juicio, cuando el temor y el espanto sean
la suerte de mis obras, puedas sentirme seguro, a salvo y satisfecho.
Si hubiese querido habría podido abastecerme de la miel más pura,
las mejores provisiones de trigo y ropas de la seda más fina. Pero
no es posible que me dominen los deseos inmoderados y me impulsen
a adquirir todos esto, mientras en el Hiyaz y Yemen pueda haber
personas que hayan perdido la esperanza de obtener un pedazo de
pan, gente que nunca puede satisfacer completamente su hambre.
¿Acaso estaría contento con que se
me llame "Amirul Mu’minin" (Comandante, jede de
los creyentes) y no me compadeciera de los musulmanes? ¿Acaso podría
no compartir sus adversidades y no ser el más sufrido entre ellos?...
Estoy seguro que hay quien dice que si el hijo de Abi Talib (él
mismo) come tan poco y vive en el límite de la inanición, seguramente
habrá de debilitarse y quedará exhausto, sin capacidad para enfrentar
al enemigo en el campo de batalla. Pero debes recordar que los árboles
fuertes crecen en el desierto, teniendo una madera potente, mientras
que los que se encuentran en tierras pantanosas tienen una corteza
delgada y una madera blanda..."
Dijo del Imam Ali (P) el segundo
Califa, Omar a Ibn Al Jattab: "Ali (P) merecía el califato,
pero (la tribu) de Quraish no hubiera sido capaz de soportar su
gobierno, ya que si él se hubiese convertido en califa, habría impulsado
a la gente a aceptar la verdad y a seguir el sendero recto.
Bajo su califato los quraishitas
no hubieran podido transgredir los límites de la justicia, y hubiesen
buscado entrar en guerra contra él".
El Imam Ali (P) tuvo que luchar contra
tres tipos de desviaciones entre los mismos musulmanes. Los adoradores
del dinero y de lo mundano. Los sediciosos políticos de doble discurso
capaces de cualquier cosa para obtener el poder y los santurrones
fanáticos de peligrosa y agresiva ignorancia.
Nakizun, qasitun y mariqun respectivamente.
Los tres se lanzaron sobre el gobierno
absolutamente legítimo de Ali (P) tanto para Dios como para la Ummah.
Y el Imam luchó contra ellos sin permitir o consentir con la mentira
y la desviación de la senda profética de gobierno.
La carta en la que el Imam Ali (P)
instruyó a su comandante, Malik Al Ashtar, cuando lo envió para
gobernar en Egipto, contenida en el Nahyul Balagah la obra que recopila
parte de sus sermones y cartas, es un tratado de política profética.
A respecto de esta carta de Ali Ibn Abi Talib (P) dijo Kofi Anan,
el Secretario de las Naciones Unidas: "Los principios proclamados
en la Declaración Universal de Derechos Humanos tienen profundas
raíces en la historia de la humanidad. Se los puede encontrar en
las enseñanzas de todas las grandes culturas y tradiciones religiosas
del mundo, el Islam entre ellas. El Imam Ali... sucesor del Profeta
Mamad al frente del califato, instruyó al gobernador de Egipto Malik
Al Ashtar para que gobernara con misericordia y tolerancia hacia
todos sus súbditos con estas palabras:
"¡Malik! Debes ser amable, compasivo
y amar a tus súbditos. No te comportes con ellos como una bestia
voraz y rapaz, considerándolos como una presa fácil, pues ellos
una de dos: o son tus hermanos en religión, o se equiparan a ti
en su condición de seres humanos".
En conclusión podemos decir que para
el Islam y para el Imam Ali (P), su máximo exponente después del
Profeta Mamad (BPD), la política es la ejecución del señorío divino
en el orden de las relaciones humanas y cuando esto se da, Dios
es adorado en la forma más excelsa.
Que Dios bendiga al Imam
Jomeini por haber rescatado en nuestra época el concepto profético
de la política y del gobierno y a Ayatullah Jamenei por continuar
este desafío.
Sheij Abdul Karim Paz |