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2. Objetividad

La objetividad de la Legislación Islámica está centrada en el hecho de que está exenta de la intromisión de intereses personales, y de factores subconscientes, los cuales, consciente o inconscientemente, pueden afectar al legislador humano y participar en la formulación de sus decisiones y de sus leyes. Esto es así porque el conocimiento y facultades humanas están influenciados por factores externos, hereditarios y educacionales, así como por las capacidades personales, como ha sido probado en estudios psicológicos y sociales. Esta realidad es descubierta por todo aquel que somete las Leyes Seculares y Cánones hechos por el hombre, a estudios analíticos, a los que encontrará influenciados por el medio ambiente, las circunstancias, las situaciones personales y sociales, así como por los intereses y emociones personales de los legisladores.

De este modo, tales leyes portan los síntomas de las enfermedades de la sociedad, y expresan la voluntad de los gobernantes, ya que éstas pueden fácilmente ser afectadas por los deseos e inclinaciones del legislador.

El Canon Islámico, en cambio, es científico, objetivo, y se encuentra alejado de los motivos y factores que influyen en el legislador humano, ya que aquí, el verdadero legislador es Allah, Glorificado Sea, Quien está exento de todas aquellas inclinaciones e influencias de las cuales el ser humano no puede liberarse de una forma completa y absoluta. Este es el secreto de la construcción de la Ley Divina sobre la base de la "Verdad y Justicia", y de cómo engloba el bienestar de la humanidad y sus más nobles objetivos en la vida.

 

3. Claridad de Objetivo

La Ley Islámica o Canon Islámico, tiene un objetivo claro y una meta definida, que traza el rumbo del hombre en la vida y le muestra su finalidad, por lo que éste percibe que la intención de la Ley Divina es permitirle servir a su Creador, y ser liberado de toda servidumbre y sumisión a los seres humanos. Consecuentemente, los actos comprendidos en la Ley que él practica durante su vida, le dan derecho a una justa recompensa en la otra vida, a diferencia de la Ley Secular, bajo cuya sombra el hombre sólo siente estar atado a los grilletes de la autoridad dominante que no tiene objetivos patentes, excepto aquel que sirve a los intereses de la clase gobernante y a sus ambiciones. Esto último incita al hombre a combatir tales leyes y a librarse de ellas.

El hombre, bajo semejantes leyes, padece la angustia, la confusión y no posee una meta clara en la vida. No encuentra sentido en adherir a una ley, sino sólo hasta el punto que le suministre un objetivo determinado, o le ahorre la penalidad impuesta por el gobierno sobre aquellos que desobedecen sus leyes. Semejantes leyes no pueden hacer frente a las necesidades y propósitos espirituales, ni pueden expresar sus legítimas ambiciones en la vida.

Por eso, bajo el dominio de esta ley, el hombre actual no respeta sus regulaciones sinceramente, ni considera sagrada su voluntad, sino que trata de librarse de su control siempre que la oportunidad le proporciona la posibilidad de hacerlo, cuando el ojo vigilante de la autoridad se distrae, o bien considera a la ley como trivial, y no encuentra sentido al acatarla. Este hecho es apoyado por las estadísticas relacionadas a la criminología y las infracciones a la ley.

Las cifras confirman el aumento anual del número de delitos y de aquellos que violan la ley; probando así el hecho de que la Ley Secular es incapaz de resolver los problemas del hombre, y de inspirar respeto y obediencia de su parte.

En oposición a esto, la Ley Islámica incita al hombre a aplicarla sinceramente y a defender la voluntad de la ley y sus objetivos.

Esto es debido a que el individuo, bajo el refugio de la Ley Islámica, siente que la ley protege sus intereses y vela por sus objetivos, tanto en este mundo como en el otro.

La fe otorga al creyente la responsabilidad, ante su Creador, de poner en vigor la voluntad de la ley y llevar a cabo sus decisiones sinceramente.

De este modo, considerando este punto de forma racional, la Ley Islámica adquiere un poder espiritual y un empuje moral que la capacita para ser aplicable, logrando alcanzar sus objetivos de una manera mayor que si ella dependiera de la fuerza y de la compulsión.

 

4. La Moralidad de la Ley Islámica

La Ley Islámica se caracteriza por su respeto a la moral, por su preocupación por su resguardo y por mantener lazos sólidos con ella; contraria a la Ley Secular, la cual no se aferra a la moralidad, ni vela por ella. La Ley Secular descuida el argumento ético, mientras la civilización es lanzada a una terrible tragedia que hunde al hombre en el precipicio de la degradación y del desorden.

Esta irracional teoría de separación entre la moral y la ley abarca a la cultura materialista en sus diversas tendencias y rumbos ideológicos, tales como el Marxismo, el Comunismo, el Existencialismo, el psicoanálisis Freudiano, el Capitalismo, el Socialismo y otras opiniones filosóficas y sociales.

El Capitalismo, por ejemplo, ve a la moral como un comportamiento personal relacionado a la libertad del individuo, y a la ley o al estado no le incumbe entrometerse en los asuntos privados, ni establecer leyes protegiendo la moral, a menos que un comportamiento personal pueda poner en peligro la libertad de los otros, o pueda caer dentro del ámbito de la ley criminal acorde a la filosofía general del concepto capitalista. De este modo, el Capitalismo, no sólo sostiene la libertad irresponsable o libertinaje, sino que en realidad construye toda actividad humana sobre él.

El Comunismo ve a la moral (según se afirma en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels), como una treta burguesa que debe ser abolida. Dice expresamente: "La religión, la constitución y la moral, no son sino una treta burguesa".

Por lo tanto, la moral, de acuerdo al marxismo, es un fenómeno social impuesto por los sistemas burgueses para progeterse ellos mismos, engañando a la masa y contentándola con conceptos éticos tales como misericordia, sinceridad, deber, derecho, amabilidad, pudor, etc. Por lo tanto, una de las exigencias de la Revolución Marxista es destruir a la moral y exterminarla.

Ahora, comparando estos irrelevantes conceptos con la Religión Islámica Divina, encontramos al Mensajero del Islam, Muhammad (BP.), diciendo:

 

"Yo he sido enviado para completar la nobleza de la moral",

 

"El mejor de vosotros en la moral es el más completo en la fe"

 

En la claridad de estas expresiones, descubrimos que el Islam dignifica al ser humano y basa su vida sobre fundamentos morales firmes que distinguen a la Ley y a la Sociedad Islámica de otras leyes y sociedades.

Por ello, la Ley Islámica fluye con el espíritu de la moralidad y se aferra a la implantación y a la defensa de la ética en todos los aspectos de la vida.

 

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