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El
tema de la libertad está enfatizado y elaborado repetidamente en “Nahyul Balaghah”.
Nosotros citaremos algunos pasajes
relevantes para verificar los puntos redactados hasta ahora:
... (Dios) ha dispuesto en los corazones su naturaleza para disponerse
hacia el bien o hacia el mal[1]. (Jutbah 75)
Se les dio completa libertad de pensamiento en este mundo, para que
pensaran lo que quisieran e hicieran lo que desearan, de modo que educaran sus
mentes, y con la ayuda de éstas, tuvieran libre voluntad en un período de vida
que les había tocado en suerte, y pudieran encontrar el propósito por el que
fueron creados...[2] (Jutbah
86)
En
la Jutbah 86 , el Imam Ali (P) además dice que se les dio a los
seres humanos cuerpos y miembros sanos con perfectos sentidos para adquirir el
conocimiento del mundo externo y la luz de la razón y la sabiduría, de modo que
ellos pudieran ejercitar su libertad de pensamiento y acción:
Os ha dado oídos de modo que podáis
escuchar y preservéis en vuestra mente las cosas que os son útiles. Os ha dado
ojos para que podáis adquirir conocimiento que os saque de las tinieblas de la
ignorancia y os hagan ver la luz de la razón y la sabiduría...[3]
Este
punto constituye un tema reiterado en Nahyul
Balaghah, y esto es porque un
cuerpo sano, un juicio sano, y la razón, son condiciones necesarias para
ejercitar la libertad. A aquellos que carecen de ello, no se los considera
responsables de sus actos, tales como las personas insanas y los niños.
Únicamente aquellos dotados con estas cosas son responsables de sus actos:
Las vidas de los hombres que se regocijaron en sus corazones y tuvieron
perfecta libertad de acción tienen en ellas grandes lecciones que enseñar.
(Jutbah 86)[4]
De
los pasajes antes citados, pueden deducirse ciertos puntos: al hombre se le dio
completa libertad con la capacidad para ejercitarla; la libertad tiene un
propósito: comprender y obedecer a Allah
y actuar de una manera justa. La justicia puede ser definida como el
mantenimiento de un equilibrio entre diversas obligaciones y derechos. Uno debe
ser justo con uno mismo. Hay muchos versículos en el Corán e innumerables
pasajes en Nahjul Balaghah que
refrenan a los hombres de entregarse a los excesos incluso en las acciones
elogiables, tales como la generosidad, donde un exceso lo puede constituir el
derroche (israf), el cual está prohibido. Hacer justicia a otros, lo cual asegura
la integridad social y política, y el comportamiento justo en relación a Dios,
requiere abstenerse de la exageración en la adoración ritual. Manteniendo la
justicia en los tres diferentes aspectos -es decir, en relación a uno mismo, a
los otros y a Dios-, el hombre es libre para decidir su destino. En la
filosofía Occidental contemporánea, al existencialismo se le atribuye el mérito
de introducir la idea de la libertad del hombre para planear y moldear su
propio destino, pero una ojeada a Nahjul
Balagah es suficiente para arribar a la conclusión de que fue el Imam Ali (P) quien promovió esta idea por
primera vez:
Si por “destino” tú entiendes que fueron forzados compulsivamente, no
fue así. Si fuera de esa forma, no tendrían sentido la recompensa y el castigo
(cuando tú estás forzado físicamente a hacer una cosa, como respirar, dormir, comer,
beber, etc., entonces no puede haber ningún premio por hacerlo o un justo
castigo por no hacerlo. En esos casos la naturaleza te fuerza a hacer una cosa
y tú no puedes más que realizarla). Entonces las promesas de recompensa y
advertencias de castigo en la otra vida no tendrían razón de ser. El Dios
Misericordioso dio a sus criaturas (los seres humanos) completa libertad para
hacer los que quisieran, y luego les prohibió realizar ciertas acciones,
advirtiéndoles sobre sus consecuencias (Su cólera y castigo). El ha prescrito
lo que para el ser humano es fácil de realizar y no le ha impuesto ninguna
carga que le sea difícil de sobrellevar, siendo los premios prometidos por El
por las buenas acciones, más de lo que uno realmente se merece. El no es desobedecido
por que no pueda hacer nada al respecto, como así tampoco es obedecido por
coerción. El no envió a Sus profetas para deleitarse o divertirse. El no reveló
Sus Órdenes sin razón o propósito alguno, ni ha creado las galaxias y la tierra
sin ninguna intención, propósito o programa. Un universo sin sentido es la idea
de los infieles y paganos. Éstos estarán en los fuegos del infierno... (El
destino) fue una orden de Dios cumplirlo, al igual que la orden dada en su
Libro Santo: «Tú estás destinado por Dios a adorarle a El y a nadie más». Aquí,
“destinado” significa “ordenado”, no tiene el sentido de compulsión física.
(Dicho: 76)[5].
De
este breve dicho, pueden deducirse muchos puntos referentes a temas filosóficos
y morales: determinar el propio destino es un acto originado en la libre
voluntad del hombre, distinto a la compulsión física; las decisiones divinas
son proyectadas racionalmente y tienen un objetivo; el mismo universo tiene un
propósito divino; los actos voluntarios de los hombres merecen el premio o el
castigo de acuerdo a la esencia de éstos; y esa independencia trae
responsabilidad en su despertar. Kant, quien no podía resignarse a aceptar la
existencia de Dios en base a argumentos ontológicos, casuales y teológicos,
tuvo que desarrollar una teoría moral para la existencia de Dios, en la cual
“Dios”, “la libertad de la voluntad humana”, y “la vida después de la muerte”,
se ajustaron como postulados de moralidad esenciales.
Si
comparamos el enfoque del Imam Ali
(P) con los problemas de la libertad, la moralidad, la finalidad de la
creación, y la existencia de Dios, podemos llegar a una filosofía más
concluyente. El Imam Ali (P) no
requiere ninguna prueba para la existencia de Dios, sino que cree en El en base
a la revelación y su propia experiencia íntima. Esta es la misma postura que
fue tomada en el Occidente por Kierkegaard en el siglo XIX después de concluir
que la razón es insuficiente para demostrar o refutar a Dios.
La
reciente teología en el Occidente reconoce el anhelo íntimo del hombre de tener
fe en un Ser Supremo como el único criterio de una creencia en Dios. Partiendo
de la misma posición, Ali (P)
demuestra una finalidad en la creación, argumentando que es creada por un Dios
Inteligente, Perspicaz y Justo, con un designio y un propósito, y que todos Sus
mandatos son justos y razonables, ya que El no le ordena al hombre hacer algo
que está más allá de su capacidad.
La
libertad humana es un componente esencial de este mundo preconcebido, sin el
cual el hombre no hubiera podido aspirar a ciertas metas. También es necesario
para la moralidad, la cual comprende a las acciones voluntarias. De este modo,
la libertad no es un postulado en la cosmovisión del Imam Ali. Su firme fe en un Dios Justo le hace creer en la otra vida. De
esta manera, la concepción Islámica mundial que él presenta es más coherente y
consistente que la de Kant o de la de algún otro filósofo Occidental. En este
sistema, la razón humana no da origen a antinomias, ya que no precisa
transgredir el ámbito de la fe o la experiencia interior.
Los
tres axiomas de la moralidad que Kant obtuvo de su filosofía moral siguen al
sistema islámico de pensamiento de Ali
de fe en Dios y la libertad de la voluntad humana. En el mundo concebido por él
todos los individuos son libres, y ellos forman el “reino de lo último”, es
decir los seres soberanos en este mundo y solamente subordinados a los
mandamientos Divinos. Ellos no están subordinados a otros seres humanos y son
los dueños de su propio destino. En este sentido el Imam Ali (P) considera a nuestro mundo mejor que cualquier otro que se
pueda concebir. Hay un dicho suyo que refuta la idea comunmente creída sobre él
de que el Imam (P) desdeñaba el mundo y de que su enfoque era el de un ascético
y pesimista. El escuchó a alguien insultando al mundo y le dijo que no era el
mundo el que alucinaba al hombre, sino que era el hombre quien estaba seducido
y encantado por él, y subsecuentemente se degradó a sí mismo y corrompió al
mundo. El dijo:
En realidad este mundo es la casa de la verdad para quienes miran
dentro de él cuidadosa y profundamente, una morada de paz y descanso para
quienes comprenden sus caminos y su genio y es el mejor fundamento para los que
quieren conseguir premios en la otra vida. Es un lugar de adquisición de
conocimientos y sabiduría para quienes los quieren adquirir, un lugar de
adoración para los amigos de Dios y los ángeles. Es el lugar donde el Profeta
recibió la revelación del Señor. Es el lugar de la gente virtuosa y santa para
hacer buenas obras y lograr premios por los mismos. Solamente en este mundo
podrán conseguir los Favores y Bendiciones de Dios y solamente mientras vivan
aquí podrán cambiar sus buenas obras y acciones por Sus Bendiciones y Premios.
¿En qué otro lugar podría hacerse todo esto?[6] (Dicho: 128)
Este
pasaje puede traer a la memoria uno de los dichos de Leibnitz: “El nuestro es el mejor de todos los
mundos posibles”, lo que refleja un punto de vista optimista respecto al mundo
físico. Ali (P) lo considera así
porque es aquí y solamente aquí que se pone a prueba la libertad del hombre en
cuanto a hasta dónde él actúa debidamente. A la luz de este pasaje podemos
justificar la opinión de Iqbal sobre
que el hombre eligió libremente abandonar el Paraíso y venir a este mundo.
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