Si comparamos la condición de las mujeres de las sociedades
pre-Islámicas de Grecia, Roma, Persia, Siria, India, y
Arabia, reconoceremos que el Islam elevó su posición
a un nivel en el que ellas podían alegar los mismos derechos
que los hombres en todas las esferas de la vida. El Cristianismo
consideraba a la mujer como la fuente y la causa del pecado de
Adán y su consecuente caída, y los paganos Arabes
enterraban a sus hijas vivas pues las consideraban motivo de vergüenza.
El Islam no sólo abogó por la igualdad de los sexos,
sino que el Profeta (BP) también dio un ejemplo de cómo
respetar a las mujeres al demostrar un gran respeto por su esposa
Jadiyah (P) y Fátima (P) en particular, y por las mujeres
del pueblo en general.
La Poligamia y el Hiyab son el blanco de las burlas y las críticas
de Occidente y de los así llamados “luminarias” del Oriente
respecto al trato del Islam para con las mujeres. Lo primero,
por un lado, fue necesario por las condiciones sociales, y el
otro, por la constitución fisiológica de los dos
sexos. La promiscuidad y el amor libre en las sociedades modernas
indican la natural necesidad de tal cosa . El Hiyab Islámico
no aprisiona a la mujer, sino que la emancipa de muchas maneras.
Confinar a la mujer a las cuatro paredes de la casa y privarla
de los frutos de la educación, nunca fue aprobado por el
Islam. Jawahirlal Nehru, en El Descubrimiento de la India,
correctamente señala que este tipo de confinamiento femenino
es el resultado de que las mujeres fueron privadas de su libertad
bajo las influencias no-Islámicas. Occidente, que se declara
defensor de los derechos iguales de las mujeres, les ha otorgado
los derechos a la propiedad, la separación y el voto sólo
recientemente. Saiid Amir ‘Ali, un eminente jurista Indio, escribió
en El Espíritu del Islam en las primeras décadas de este
siglo:
Hasta muy recientemente, incluso en Inglaterra, una mujer casada
no poseía derechos independientemente de su esposo ...
Pero el Profeta, quien en una época en que ningún país,
ningún sistema, ni comunidad daba ningún derecho
a la mujer, ya sea soltera o casada, madre o esposa, quien, en
una nación donde el nacimiento de una hija era considerado
una calamidad, garantizó al sexo femenino derechos que
sólo de mala gana y bajo presión fueron concedidos
a ellas por las naciones civilizadas del siglo veinte, merece
la gratitud de la humanidad
[1]
.
Si la mujer Musulmana busca imitar el papel social de su hermana
europea, eso no será nada más que una emancipación
mal entendida que la atrapará en el nocivo pantano del
sistema capitalista, el cual ha reducido a la mujer a un adorno
y a un objeto sexual para exhibir en las vidrieras de los supermercados
y las salas de recepciones y fiestas de grandes oficinas. Por
el contrario, el Islam le ha concedido los derechos y libertades
que ningún sistema pudo conferirles.
En el Islam todos los derechos otorgados a los hombres, con muy
pocas excepciones, también fueron concedidos a las mujeres. Una
excepción es con respecto al yihad o lucha por la defensa,
pero las mujeres pueden ayudar a los hombres detrás del
frente de guerra cuidando a los heridos y haciendo tareas similares
importantes. En cuanto al matrimonio, las mujeres tienen el derecho
de expresar su consentimiento para casarse con una persona y son
libres de disentir. En el divorcio el derecho se le confiere al
hombre, pero bajo ciertas condiciones la mujer puede iniciar el
procedimiento legal para obtener el divorcio. Los derechos de
la mujer en el Islam pueden ser resumidos de la siguiente
manera:
Las mujeres son tratadas en pie de igualdad en relación
a los hombres en todos los aspectos: religioso, educacional, legal,
moral y económico.
(a) En los asuntos religiosos, las obligaciones y recompensas
de las mujeres son las mismas que las de los hombres (an-Nisa:
1; al-A’raf: 189; al-’Ahzab: 35).
(b) En los asuntos éticos, también, se mantiene la igualdad de
los dos sexos (an-Nisa; 124; an-Nahl:97).
(c) Respecto a la educación, el Corán implícitamente
otorga a las mujeres los mismos derechos que son concedidos a
los hombres. Similarmente, el hadiz o narración del Profeta
(BP) hace obligatorio sobre todos los Musulmanes la adquisición
de conocimiento, no menciona ningún sexo; en realidad,
el Profeta ordenó que incluso las mujeres esclavas fueran
educadas. Como las mujeres tienen la responsabilidad de tomar
a su cuidado a los infantes, tienen por deber adquirir algún
conocimiento sobre medicina y también sobre la habilidad de asistencia
en el parto. El Profeta (P) le pidió a una mujer que instruyera
a su esposa Hafsah bint ‘Umar. Las mujeres también solían
asistir a sus disertaciones. Como resultado de esta práctica,
una gran cantidad de mujeres de la Casa del Profeta (P) sobresalieron
en hadiz y fiqh o jurisprudencia islámica. En la historia
del Islam, encontramos los nombres de un gran número de
mujeres que igualaron a los más instruidos hombres en las
ciencias religiosas, en el arte y en la literatura.
(d) Los derechos legales y económicos de las mujeres también
están a la par con los de los hombres. El Islam aseguró
la independencia económica de las mujeres al concederles
una parte de la propiedad de los padres (an-Nisa’: 7 y 11), y
advirtió en contra de privarlas de su herencia (an-Nisa:
19). Una mujer está habilitada para administrar su propiedad.
Ella goza del derecho a gastar lo que posee y su esposo no puede
privarla de su dote (mahr) (al-Baqarah: 229, an-Nisa: 19-21 y
25), a menos que ella voluntariamente renuncie a ella como un
obsequio (an-Nisa: 24). Si se le causa perjuicio, ella tiene derecho
a compensación exactamente como el hombre, y si ella comete
una ofensa civil, el Corán dice que su pena es ni más
ni menos que aquella de un hombre en una situación similar
(al-Ma’idah: 41; an-Nur: 2).
(e) En el contrato matrimonial, excepto en caso de divorcio, a
ella se le confieren los mismos derechos que a su esposo. El Corán
explícitamente ordena a los hombres que no den en matrimonio
a las mujeres sin buscar su consentimiento (an-Nisa: 19). Incluso
el derecho de una mujer infiel es respetado por el Corán,
que ordena a los Musulmanes no violar la modestia y el honor de
las mujeres de los mushrikun o incrédulos (Al-Mumtahanah: 10-11).
En nuestra época sumamente progresista, los ejércitos de las naciones
más civilizadas de Occidente consideran que es su legítimo
derecho violar el honor de las mujeres del enemigo, ya que la
castidad y la dignidad de la mujer no tiene valor de acuerdo a
las pautas modernas de cultura y moralidad.
Una mujer Musulmana también goza del derecho de elegir a su esposo
por su libre voluntad. Ella tiene derecho a la dote (mahr) de
acuerdo con el contrato matrimonial. A pesar de que la poligamia
es permitida en el Islam, las condiciones de ser imparcial y justo
con todas las esposas son tan estrictas que prácticamente
es desalentado. El tercer versículo de An-Nisa dice que
si temes que no podrás ser justo con más de una
sola esposa, que te contentes con una sola... Las condiciones
de justicia con las esposas están establecidas en el versículo
33 de An-Nisa. Hay muchos versículos en el Corán
que enfatizan la santidad del hogar y la familia y establecen
los deberes y derechos mutuos del marido y la esposa en pro de
proteger el bienestar de la familia. Ambos son considerados responsables
de la armonía de la familia. En caso de diferencias, se
aconseja al marido y a la esposa resolverlas con la ayuda de dos
árbitros, uno por cada una de las partes (an-Nisa: 35).
Si se hace imposible vivir juntos, la medida de la separación
está abierta, pero de acuerdo a una tradición del
Profeta (BP) el divorcio es la peor de las cosas permisibles a
los ojos de Dios. Una mujer tiene derecho a recibir su manutención
de parte de su esposo durante el período de ‘iddah o espera
antes de poder contraer nuevo matrimonio, y un hijo nacido en
este período pertenece al esposo, quien es el responsable
de sus gastos. Aun el muy criticado tema sobre la práctica
del matrimonio temporal (mut’ah) está siendo apreciado
ahora por algunos sociólogos modernos que lo consideran
la mejor salvaguarda contra la promiscuidad.
(f) El Islam también ha otorgado derechos políticos a las
mujeres, como se estableció en el doceavo versículo
de al-Mumtahanah en el Corán. A las mujeres de Quraish
se les concedió el derecho a prestar juramento de lealtad
después de darles satisfacción plenamente las condiciones
de sumisión a él
[2]
. En conclusión este versículo confiere a las
mujeres el derecho al voto, un derecho por el cual las mujeres
de Occidente tuvieron que luchar y esperar hasta el siglo
veinte.