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UN PEQUEÑO GRAN PROBLEMA DE LA HISTORIA MEDIEVAL:

LA REVUELTA DEL ARRABAL (RABAD) DE CÓRDOBA (818) Y LA TOMA DE CRETA EN EL 827*

Diego Melo Carrasco
Profesor Universidad Adolfo Ibáñez
Conferencista Centro de Cultura Islámica

Resumen:

El presente artículo aborda una temática que podría parecer marginal en el contexto de la historia medieval, esta es la expulsión de los conjurados cordobeses tras la Revuelta del Arrabal de Córdoba (818) y la toma de la Isla de Creta en el 827 por los mismos. No obstante, adquiere importancia al momento de verificar las implicancias que tendrá en las futuras relaciones que se establezcan en el mediterráneo oriental, cuando este se transforme en un "Lago Musulmán" -así denominado por Henri Pirenne- que impedirá el libre tránsito de las embarcaciones bizantinas, obligando al Imperio utilizar todo su manejo diplomático para poder superar ésta situación.

PRESENTACIÓN

El trabajo que aquí se presenta, indaga y profundiza en una problemática que, a simple vista, podría parecer aislada, no obstante, la investigación histórica siempre nos abre amplios caminos para darnos cuenta que, en general, los hechos tienen una real concatenación en el contexto en el que desenvuelven. Sería un trabajo estéril, hacer un esfuerzo sólo con la finalidad de recopilar datos apilándolos, sin apreciar el verdadero valor que reviste la llamada visión de conjunto.

Si utilizáramos la clásica nomenclatura de Fernand Braudel, diríamos que nos encontramos ante una coyuntura histórica, la cual tendrá profundas implicancias en la larga duración histórica; circunscribiéndonos al período medieval.

Entre las dificultades con que nos encontramos al enfrentar un trabajo de esta naturaleza están, por un lado, la escasez de documentos, y por otro, lo críptico que resulta el tema puesto que involucra el estudio de otra civilización, lo cual exige entrar a comprender otras formas de vida y "mentalidad".

I

ANTECEDENTES

El Emirato Independiente. Las revueltas, la pugna por el poder y la lucha

por la consolidación política.

Constituido en una provincia independiente del Califato de Oriente -al cual en el principio respetará sólo en el plano religioso, para luego abandonar toda relación conforme pase el tiempo- el Emirato de Córdoba se constituirá en un poder alterno y diferente, estableciendo las bases para una consolidación administrativa y económica, de la cual gozará durante el período del Califato de Córdoba.

Sin embargo, el establecimiento de una base sólida que sustentara la construcción del que posteriormente será el Califato de Córdoba no estuvo ausente de grandes problemas. Estos se originaron en los comienzos de la etapa independiente, con Abd-al-Rahman I (756-788) quien, en los inicios de su administración, tuvo que enfrentar una serie de desórdenes internos, producto de la desorganización y las ansias de poder de las cuales fueron víctimas los emires dependientes de Oriente.

Estando en el poder, Abd-al-Rahman I asumió una política de moderación y magmanimidad, controlando las sediciones internas a las cuales se adherían -en gran número- yemeníes y beréberes descontentos por el trato que se les daba. Sin embargo, aunque pudo controlar estos problemas -los que se transformaron en una constante durante gran parte de la historia de al-Ándalus- se le presentaron otros de igual magnitud, como fueron, por ejemplo, el avance de los reinos cristianos del norte, y las rebeliones de Toledo (761) y de Beja (763), estas últimas instigadas por enemigos del régimen Umayya.

Aunque este emir llevó a cabo una política de apaciguamiento -confiando el gobierno de las provincias a personas leales y capaces-, las relaciones internas siguieron siendo tensas entre los grupos divergentes y reacios a apoyarlo, así como también los que se consideraban discriminados por motivos raciales, ante la preponderancia que asumía la raza árabe en la conducción del emirato.

Las luchas por el poder continuaron, incluso la elección de Hisham I (788-796) -hijo de Abd-al-Rahman- estuvo llena de vicisitudes, debiendo defender su título ante su propio hermano Sulaynam quien no se conformaba con la decisión de su padre. Esta pugna se mantuvo durante casi un año; además, volvieron a resurgir los antiguos problemas que aquejaron a su padre, pero ahora renovados y con más fuerza. La constante surgencia de problemas sociales fue lo que definió su política de control rígido, reforzándola con la aplicación severa de la ley islámica. De hecho, es en este período cuando se reemplaza la doctrina de la Escuela de Damasco -al-Awza't- por la Malikí.

Hisham nombró como sucesor a su hijo al-Hakam, quien gobernó desde el 796 al 822 y que al igual que su padre se vio enfrentado a una serie de problemas para hacer efectivo su nombramiento. Los cercanos conflictos que sostuvo con su familia, hicieron que se refugiara en los consejos de sus gobernadores, desconociendo así los de su familia y de los cortesanos.

Su gobierno estuvo marcado por una gran austeridad y caracterizado, principalmente, por su concepción de justicia y su capacidad de decisión. Durante su administración, se dedicó casi exclusivamente a reprimir las revueltas organizadas por los beréberes, los muladíes y los mismos árabes disconformes con su mandato. En efecto, "consciente de la tendencia a las revueltas en las provincias, introdujo un eficaz sistema de espionaje, manteniendo en las puertas del palacio mil caballos y espías permanentes dispuestos a actuar contra cualquier intento de rebelión; y, en su ejército empleo unos 5000 esclavos que no hablaban árabe, a los que llamaba mudos". Todo este aparataje tenía como finalidad sofocar las sediciones internas, procurando instaurar un orden que permitiera consolidar una estabilidad, y así, finalizar la seguidilla de revueltas iniciadas en los albores del emirato. Sin embargo, la fuerza con que resurgían los desórdenes no dejaba tiempo a la tranquilidad. Es efectivamente en este período cuando se produce la revuelta del Arrabal (rabad) de Córdoba -una de las más recordadas en la historia de al-Ándalus-. Esta tendrá hondas repercusiones en sucesos posteriores, sobre todo en el inicio de las relaciones diplomáticas entre al-Ándalus y el Imperio Bizantino.

II

LA REVUELTA DEL ARRABAL (RABAD) DE CÓRDOBA (818)

La fisonomía urbana de Córdoba había cambiado notablemente desde el gobierno de Abd-al-Rahman I . La que una vez fue un centro importante durante la dominación visigoda, incrementaba ahora su población con la llegada de árabes venidos de Oriente, de Ifrikiya y de los beréberes venidos del Magreb. Producto de ésto la ciudad experimentó transformaciones en su trazado urbano, además de ampliaciones en los principales edificios. Así, en el 785 se comenzó la reconstrucción de la mezquita, lo cual permitió dar cabida a una mayor cantidad de fieles. Por otra parte, desde que Hisham I restituyó el puente romano sobre el Guadalquivir, no existeron obstáculos para que la ciudad se extendiera a la otra orilla. Fue ahí donde se formó un arrabal (rabad) muy poblado, que se extendía desde la ribera del río hasta los alrededores de una aldea vecina, Shaqunda -la antigua Segunda-.

 

Este arrabal se encontraba muy próximo a la mezquita mayor y al Palacio de los Emires -ambos a la orilla del Guadalquivir y separados por una pequeña calle llamada Mahachcha 'uzma- por lo tanto, muchos cordobeses que trabajaban en la sede de gobierno encontraban cómodo instalarse en aquel lugar. También habitaban el rabad una serie de grupos más pobres, los cuales convivían con la aristocracia árabe. Esta situación provocó que con el tiempo el arrabal se transformara en el centro de una oposición alimentada y avivada por la poca flexibilidad, el carácter impulsivo y la justicia con frecuencia un tanto sumaria del Soberano.

 

Existía, desde el comienzo del gobierno de al-Hakam I malestar en todos los grupos sociales con respecto a la actitud despótica, violenta y orgullosa que él mantenía. De ahí que un grupo de notables de Córdoba -entre los cuales había varios alfaquíes- tramaron una conjura para derrocar al emir y sustituirlo en el trono por Muhammad ibn al-Qasim, primo del soberano. Este Umayya fingió aceptar y, en cambio, entregó una lista con todos los conjurados a al-Hakam, quien el mismo día los hizo aprehender para condenarlos a morir crucificados.

 

Al conocerse la sentencia , Córdoba reaccionó con gran temor, ya que era sabida la existencia de grupos reaccionarios clandestinos, los cuales desde ahora estarían bajo la atenta vigilancia de los espías de emir. Sin embargo, este escarmiento no terminó con las protestas al interior del arrabal y, de cuando en cuando, resurgían movimientos sediciosos que volvían a ser sofocados por al-Hakam. Uno de estos se declaró en el 818, cuando una serie de alfaquíes se mostraron insatisfechos por el poco crédito y limitación que se daba a su poder en la corte. Ibn Jaldún establece que:" Al comienzo de su gobierno, al-Hakam se había dedicado a los placeres, por lo que se concentraron en contra suya las gentes cultas y pías de Córdoba, como Yahya ibn Yahya al-Layti, Talut al-Faquh y otros más. Esta gente le negó obediencia y se le apartaron, eligiendo como jefe a Muhammad ibn al-Qasim, que era uno de los tíos de Hisham".

 

Sin embargo, los problemas no comenzaron en ese momento , sino cuando un guardia del emir acabó con la vida de un espadero niño. Esto sucedió en el instante en que al-Hakam I había salido a cazar. Cuando regresó encontró en Córdoba una gran muchedumbre pidiendo su destitución y dirigiéndose armada al Alcázar; ante esta situación decidió ordenar a sus jinetes que prendieran fuego a los edificios de los arrabales. La estratagema tuvo éxito y la gente se retiró cuando vio sus hogares en llamas. La guardia de al-Hakam persiguió a los rebeldes y mató a más de 10.000.

 

Tres días duró aquella matanza, la que al-Hakam terminó por consejo de sus secretarios, pues sus verdaderos deseos eran acabar con todo el arrabal. A los pocos días dictó su sentencia: "Trescientos notables entre los sobrevivientes del motín serían ejecutados y puestos en cruz; los demás habitantes del Arrabal conservarían su vida con la condición de salir inmediatamente de Córdoba, el Arrabal mismo sería arrasado, y su solar roturado y sembrado".

 

El éxodo comenzó casi de inmediato, un grupo fue a buscar sitio a Toledo y la mayoría decidió cruzar el mar, instalándose en las costas mediterráneas de África, preferentemente en Fez (Marruecos). Esta ciudad era ocupada en gran parte por beréberes, siendo la llegada de estos cordobeses un gran aliciente para su príncipe regente -Idris II- ya que de esta forma la ciudad se desberberizaría.

 

* * *

 

III

LA TOMA DE CRETA EN EL 827

Otro grupo de cordobeses tomó rumbo hacia Egipto, desembarcando cerca de Alejandría. Según las fuentes, éstos harían sido unos 15.000 refugiados. Aprovechando la compleja situación por la que atravesaba Egipto – debido a la lucha existente entre los diferentes gobernadores nombrados por los Califas Abbassies-, los andaluces decidieron entenderse con la tribu árabes mas poderosa, no obstante, una vez que se sintieron seguros y unidos , emprendieron el ataque conquistando Alejandría. Esta situación se extendió hasta el 827, cuando fueron expulsados por ‘Abd Allah Ibn Tahir – General del Califa Al- Manum- quién les exigío que no desembarcaran en ningún otro puerto Abbassi

Expulsados de Egipto, decidieron hacer una correría por Creta – posesión del Imperio Bizantino, en donde establecieron una dinastía liderada por ‘Abu Hafs ‘Umar al- Ballutí-, la que se vio favorecida por la inexistencia de un poder naval que pudiera hacer frente al arrebato de una posición estratégica que permitía el control y fluidez de las relaciones comerciales, y de los intereses geopolíticos que el Imperio tenía en el Mediterráneo Oriental.

La conquista árabe de islas tan importantes – desde el punto de vista estratégico- como Sicilia y Creta, coinciden con la decadencia de las fuerzas tanto navales como terrestres de Bizancio, el cual no pudo hacer frente a la "amenaza musulmana" que, incluso, había establecido asentamientos urbanos como la ciudad de Rabt –el- Chandax. La situación se torno compleja, ya que los emigrados se establecieron para no retirarse y se transformaron en un peligro para la navegación y el comercio; esto es comentado por el cronista Al-Nuwari quien establece que : "los emigrados cordobeses cultivaron la isla [ ¼ ] armaron cuarenta barcos e infestaron con sus correrías todas las islas de su circuito, próximas a Constantinopla. Penetraban en la mayor parte de las islas referidas, cogiendo en ellas botín y cautivos, sin que el emperador de Constantinopla tuviese algún poder para evitarlo"

* * *

Durante un siglo los andaluces tuvieron en su poder esta importante posesión bizantina, capturando barcos y efectuando correrías por las islas del Egeo. Los emperadores bizantinos intentaron infructuosamente, y por diversos medios, recuperar las Isla.

Uno de los elementos más recurrentes se refiere al intercambio diplomático entre el emperador y los líderes de Creta; así como también la búsqueda de aliados, ya fuera en las grandes potencias del mediterráneo como en aquellas que se estaban perfilando. En este sentido, se enmarca la embajada enviada por el Emperador Teófilo en el 838 al emir de al-Ándalus, Abd al Rhaman II, buscando un pacto de amistad que contribuyera a la expulsión de los intrusos, los cuales, precisamente, habían salido de las tierras andalusas, no obstante, todos estos intentos resultaron inútiles puesto que tuvo que pasar más de una centuria para que los cordobeses fueran expulsados, debiendo iniciar otro periplo que los llevaría a las más diversas latitudes de las tierras del Islam. Esto se logró por medio de una estratagema ideada por el emperador Romano, quien esgrimiendo ante el líder de los cretenses, Abd al-Aziz, la imposibilidad de mantener caballos en sus tierras puesto que existía una gran carestía en Constantinopla, le solicita ayuda y este se la brinda. Asi entonces, "fueron enviadas a la isla 500 yeguas con sus pastores necesarios. Luego que estuvieron las yeguas en la Isla, el emperador hizo que partieran con el mayor sigilo y ocultamente las tropas, capitaneadas por Nicéforo el Domestico (Focas) y por otro de sus capitanes más bravos, en el comienzo del mes de Muharram del año 350 [ febrero de 961] . La flota griega arribo a la parte de la isla en que estaban las yeguas; cada jinete con su silla y su rienda salto sobre la yegua respectiva, y sorprendieron en completo descuido a los habitantes de la Isla, que fue conquistada rápidamente. Los invasores mataron al señor de la Isla. Dejaron con vida a los pacíficos habitantes[ ¼ ] redujeron a cautiverio a las mujeres y niños de los milicianos y guarnecieron fuertemente las isla con tropas y pertrechos de guerra".

 

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