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Extracto del discurso ofrecido por el Líder de la Revolución Islámica de Irán, Aiatul·lah ‘Alî Huseiní Jameneí, el 17 de Setiembre.


Expresaré algunos pun­tos respecto a los suce­sos acontecidos última­mente en algunas ciudades nor­teamericanas. Nosotros, en con­formidad con el Islam, conde­namos el asesinato de seres humanos y la matanza de gente, y esa es nuestra opinión categórica. No hay diferencia que esos asesinatos en masa se perpetren en Hiroshima y Na­gasaki, en Qana, en Sabra y Chatila, en Deir Yasin, en Bos­nia o Kosovo, en Irak, o en Nueva York y Washington. No hay diferencia que el instru­mento utilizado para perpetrar las matanzas sea una bomba atómica, un misil de largo al­cance, agentes microbianos, armas químicas, armas fabri­cadas con residuos atómicos, un avión de pasajeros o un avión de guerra. No hay diferencia en que aquellos que proyectan el genocidio y matanza en masa sean Estados u organizaciones o individuos infiltrados. No hay diferencia en que esas personas asesinadas sean musulmanes, cristianos o cualquier otra per­sona común. Una acto desas­troso, en cualquier lugar, por cualquier medio y por quien fuera que se perpetre, si es que debe ser condenado –y por su­puesto que debe serlo-, no debe haber discriminación en ello.

Nosotros condenamos este acto tanto como el accionar nor­teamericano en Hiroshima. Si es que, Dios no lo permita, ocu­rre una tragedia similar en Af­ganistán también lo condena-remos. Las vidas de las perso­nas deben mantenerse a salvo de estar expuestas a tal cosa. Hoy en día el régimen sionista, al igual que hace cincuenta años, se encuentra realizando tales actos siniestros dentro de Palestina. Todo ello es conde­nable.

Otro punto a este respecto es que lamentablemente los me­dios de difusión norteamerica­nos excitan a la opinión pública contra los musulmanes. Ese es otro de esos actos perversos que a veces concluyen en desgracia. ¿Por qué los musulmanes deben ser objeto de acusación? Los musulmanes a lo largo y ancho del planeta e incluso dentro de los Estados Unidos han sido oprimidos en muchas ocasiones. En Europa los musulmanes de Bosnia-Herzegovina y Kosovo, en el Medio Oriente los musul­manes de Palestina y Líbano, y asimismo en muchas otras re­giones del mundo, los musul­manes siempre han sido objeto de opresión. ¿Por qué se debe dirigir la acusación contra los musulmanes? En este caso, la comunidad islámica no tiene ninguna culpa. Acusan a un in­dividuo que es musulmán de haber cometido este acto. Noso­tros no sabemos si en verdad lo perpetró o no. Es posible que esto no haya sido obra suya. También es posible que sí. Pero, ¿cómo se puede generalizar el acto de una persona a todos? En otro caso similar, si es que una persona perpetrara tal acto siniestro, en caso que sea se­guidor de una religión en parti­cular, ¿acaso por ello toda la gente de esa religión debe ser acusada? Hoy en día los sionis­tas están cometiendo los más siniestros actos y los crímenes más despiadados, ¿acaso por eso debemos acusar a todos los judíos del mundo? No es así. Nosotros en nuestro propio país tenemos muchos judíos que vi­ven al igual que el resto de los ciudadanos. En el caso que todo ello fuera cierto, ¿por qué el acto de un individuo debe gene­ralizarse a todos los musulma­nes? Yo creo que esta ola pro­pagandista contra el Islam y los musulmanes que se está dando en EE.UU. y en algunos otros países, es obra de los sionistas, que son los que tienen a su dis­posición los medios de comuni­cación. Ellos son los que siem­pre han recibido golpes del Is­lam y son sus enemigos irrecon­ciliables.

Otro de los puntos es la cues­tión de Afganistán. ¿Acaso ese pueblo oprimido debe ser piso­teado otra vez? Hace veinticinco años que Afganistán es víctima de crudos conflictos; una vez la Unión Soviética, otra vez la guerra interna, y hoy este otro factor foráneo ingresa en la vida de los afganos y coloca a esta gente oprimida bajo las presiones de los golpes despia­dados y brutales de la guerra, por el mero hecho de que algu­nos individuos fueran los auto­res del hecho –lo cual todavía no se sabe a ciencia cierta-. Hay muchos indicios que nos hacen inferir que fueron otros los que maquinaron y han sido los eje­cutores principales de los acon­tecimientos de EE.UU. El tipo de accionar está en conformi­dad con la disposición y mane­ras de los sionistas, y aunque pueda creer que infiltraran a algunos individuos musulma­nes –a sabiendas o no- en su in­fernal red, en el supuesto caso de que la acusación fuese cierta y una persona o grupo fuera acusado en este suceso, ello no brinda la autorización para que el pueblo afgano sea objeto de ahogo y opresión.

Otro tema es que hoy los sionistas están sacando el ma­yor provecho de este acaeci­miento. Ni bien tuvo lugar este suceso, los sionistas endurecie­ron su accionar en los territo­rios de la oprimida y herida Palestina, ¡¡mientras el mundo sólo presencia ello en silencio!! ¿Por qué el mundo acepta toda esa opresión? ¿Acaso la ma­tanza de personas es diferente de un lugar del mundo a otro? ¿Acaso las familias de las víc­timas que son asesinadas en Palestina son diferentes de las familias de los que murieron en Nueva York? Tanto unas fami­lias, mujeres y niños, como las otras, fueron ultrajadas. Es ne­cesario solidarizarse con los ul­trajados en todas partes del mundo. ¿Por qué el mundo hace silencio ante esta tragedia? Es muy clara y evidente la obliga­ción de los musulmanes de pro­testar por las operaciones que los sionistas están realizando contra el pueblo palestino en las tierras ocupadas aprove­chando la oportunidad que se les presentó de que la opinión pública mundial se encuentra orientada a un solo punto en particular.

Estos conflictos por los que atraviesa hoy la humanidad son producto de la injusticia y la discriminación. A su vez, la injusticia y la discriminación se originan del dominio que ejer­cen las pasiones diabólicas so­bre las personas adineradas y potentadas y también por el alejamiento de Dios. Es cuando las personas se alejan de Dios que los propósitos diabólicos pueden manipular a los seres humanos.

Hoy, la solución a los anti­guos males del mundo y las heridas de la humanidad, está en el retorno hacia Dios: «Es­capad hacia Dios» (51: 50). Esto que vemos es el resultado de aquellos que intencionada­mente alejan a las personas de la espiritualidad, la fe y la atención en Dios. La cura de los males de la humanidad se en­cuentra en dirigirse a Dios y la vuelta a la fe. Hoy las sanas conciencias perciben ello en to­das partes del mundo. Las per­sonas solitarias se encuentran bajo presión en el sistema ma­terialista del mundo. Hoy, en todas partes del planeta la gente siente necesidad de diri­girse a Dios. En cualquier parte que el estandarte de “dirigirse a Dios” sea enarbolado, ello atraerá los corazones. Aquellos que creen en Dios y conocen la importancia de tener fe en Él, día tras día deben brindar más atención al respecto.

¡Señor nuestro! Por Muhammad y la familia de Muhammad, te suplicamos que día tras día dispongas más pro­fundamente una fe genuina y radiante en la gente de este mundo, en cualquier parte que se encuentren. ¡Señor nuestro! Libra a los seres humanos del mal de estos dilemas. ¡Señor nuestro! Haz que la maldad de los malvados vuelva hacia ellos mismos. ¡Señor nuestro! Am­para y ayuda a los oprimidos del mundo en cualquier lugar que se encuentren. Que la Paz, Misericordia y Bendiciones de Dios sean con vosotros.

... 26 de Setiembre

A causa de los sucesos acae­cidos en algunas ciudades nor­teamericanas, hoy se plantean algunas cuestiones en el mundo. Las olas propagandísti­cas mundiales y los movimien­tos políticos internacionales se ex­playan en forma unilateral. Los medios de comunicación masiva se encuentran en manos de un número determinado. Los pe­riódicos y la televisión mundial, se encuentran al servicio de los capitalistas, los acaudalados y los poderosos, y no a disposición de las personas comunes, las personas lúcidas, correctas y sapientes. Ellos introducen lo que se les antoja en los canales de comunicación de radio y te­levisión y las agencias de prensa y periódicos, y lo difun­den hasta en los lugares más recónditos. Hay quienes sin percatarse consumen eso y se ven sugestionados, y lamenta­blemente hay otros que ayudan a esas olas propagandísticas unilaterales originadas de la ambición y la arrogancia mun­dial, sin que ello ni siquiera les reporte un beneficio.

Yo veo necesario expresar algunos puntos al respecto para tener informada a nuestra que­rida nación.

El primer punto es que el comportamiento y las manifes­taciones del Estado y los fun­cionarios norteamericanos so­bre esta cuestión, son muy al­taneras y presuntuosas, y sur­gen del espíritu de arrogancia. Hacen declaraciones que no armonizan con ninguna lógica. Por supuesto, su reputación se vio afectada y su prestigio en el mundo en materia de seguridad fue seriamente perjudicado; pero ello no es motivo para que adopten una vez más su sem­blante imperialista y aspecto agresivo, o sea querer decir: “¡Oh gentes del mundo! ¡Esta­mos enojados! ¡Así que no nos contradigan!”. Esto es: ¡Que na­die se atreva a decir algo con­trario a lo que ellos dicen! Ima­ginándose que con ese pro­ceder es posible sacar del medio a los pueblos, personas y Esta­dos in­dependientes. Entre esas decla­raciones está que: “Quien no está con nosotros, está con los terroristas”. Ésta es una ex­pre­sión muy equivocada. No, no es así. Hay muchos que están con los norteamericanos y son más peligrosos que todos los te­rro­ristas del mundo juntos. Hoy, el Estado de Israel está confor­mado por los más peli­grosos te­rroristas. Aquellos que se en­cuentran a la cabeza de dicho Estado, son individuos que die­ron órdenes directas y partici­paron, y fueron los auto­res de los más trágicos sucesos terroris­tas. Ahora mismo tam­bién, día tras día están ocupa­dos come­tiendo actos terroris­tas... y están con los norteame­ricanos. Según esto, no es cierto que todo aquel que está con us­tedes no está con los terroris­tas. No es así, los más despia­dados terroristas se encuentran ahora mismo junto a ustedes. Pasa lo mismo con el punto opuesto que ex­presa “quien no está con noso­tros está con los terroristas”. No es así, nosotros no estamos con ustedes, y tam­poco estamos con los terroris­tas.

La segunda cuestión es que estos individuos, desde los pri­meros momentos después del suceso, llenaron los espacios públicos con manifestaciones y declaraciones en contra del Is­lam. ¿Cómo es que ustedes pu­dieron determinar en la pri­mera hora después del hecho que fue obra de los mu­sulma­nes? ¿Si es que su apa­rato de inteligencia era tan fuerte como para que inmedia­tamente des­pués, la radio y la televisión en Norteamérica hablasen de una forma tal que todos creyeran que eso fue obra de los musul­manes, por qué no pudieron de­terminar que se es­taba produ­ciendo una operación tan vasta como esa que necesita meses –e incluso algunos dicen que años- para llevarse a cabo? ¿Cómo de­terminaron que fue obra de musulmanes? Manipu­laron de tal forma los espacios públicos que en Norteamérica y en algu­nos países europeos al­gunas mezquitas fueron ataca­das, y se llegó a disparar y apuñalar a algunos cuya apa­riencia dejaba entrever que eran musulmanes. El presi­dente de EE.UU. en sus prime­ras declaraciones dijo: “¡Esto es una Cruzada!”. Las Cruzadas fueron guerras en las que los cristianos vinieron desde Eu­ropa para conquistar Palestina y duraron doscientos años. Por supuesto, los cristia­nos euro­peos fueron vencidos y los mu­sulmanes salieron triun­fantes y lograron sacarlos de allí.

Una lucha Cruzada significa guerra entre el Islam y el Cris­tianismo. Si es que no había in­tención de decir ello, ¿cómo es que un alto dirigente puede ex­presarse de esa manera sin control de sí mismo ni reparo? ¿Por qué acusa a todos los mu­sulmanes del mundo por una acción terrorista y trágica? Dis­ponen a la opinión pública con­tra el Islam y luego dicen ofi­cialmente: “¡Oh gente! No ata­quen a los musulmanes”. ¿Acaso eso es posible? Ustedes primero disponen el ambiente de una forma tal que acusan a todos los musulmanes y árabes, continuamente publican en sus diarios nombres islámicos y fo­tos de árabes con su pañuelo y turbante. O sea que entre todos esos sospechosos ¿no había ni siquiera uno que fuera nortea­mericano y occidental, o tuviera nombre europeo? ¿Si no, por qué no los publicaron? Ese es un proceder extremadamente repulsivo; es una acción muy infame que tendrá consecuen­cias a largo plazo, que no se po­drá reparar rápida y fácil­mente.

El tercer tema es que en es­tos sucesos los norteamericanos demostraron tener grandes ex­pectativas. Porque los nortea­mericanos fueron atacados, ahora esperan que todo el mundo deba colaborar con ellos. ¿Por qué? ¿Porque sus intereses fueron vapuleados? ¿Cuándo ustedes observaron los intere­ses de los demás como para que ahora esperen que todos obser­ven los de ustedes? ¿Acaso en el mundo de hoy el mero hecho de poseer cañones, fusiles y mísi­les le permite a un Estado anunciar que “se debe hacer lo que yo digo y no otra cosa”? ¿Acaso la gente del mundo puede aceptar eso? Es eso mismo lo que hace de EE.UU. un país odiado.

Hoy ustedes pueden apreciar en cuántos países del mundo se quema la bandera norteameri­cana. No todas partes es Irán. La conferencia que última­mente tuvo lugar en África del Sur, puso de manifiesto los sen­timientos de la gente, organiza­ciones y Estados diferentes del mundo. Con esa prepotencia y exceso de expectativas, EE.UU. ha hecho de sí mismo un país odiado. Si los intereses nortea­mericanos en el Golfo Pérsico se ven expuestos al peligro, todos deben participar, pero si los in­tereses de los mismos países del Golfo Pérsico se ven en peli­gro... ¡que se vean en peligro! ¡¿Qué tenemos que ver?! Con todo lo que pisotearon los inte­reses de los diferentes países –entre ellos el nuestro-, ahora dicen “todo el mundo debe cola­borar con nosotros, puesto que nuestros intereses fueron ata­cados”. Es una expectativa ex­cesiva.

Otro punto es que en la mente de los funcionarios nor­teamericanos el concepto de te­rrorismo es erróneo. Ellos defi­nen muy mal al terrorismo, de forma que el asesinato en masa y la matanza de gente en Sabra y Chatila –dos campamentos de refugiados palestinos- que se produjo en una sola noche por orden de aquel mismo que hoy se encuentra a la cabeza del usurpador Estado sionista, ¡no es considerado terrorismo!

Hace algunos años, un grupo numeroso de gente de Qana en Líbano, se reunió para protes­tar frente a la oficina de las Naciones Unidas, y los helicóp­teros israelíes llegaron y acri­billaron a cientos de personas, entre las cuales se encontraban mujeres, hombres, niños, ham­brientos y sedientos, ¡y mataron a todos! ¡Norteamérica no con­sidera eso terrorismo!

Cuántas veces ingresaron a Líbano y secuestraron o asesi­naron personas, ¡pero nada de eso constituye un acto de terro­rismo!

Hace uno o dos meses el Es­tado usurpador sionista aprobó oficialmente que se debía ejecu­tar a algunos elementos pales­tinos y efectivamente lo hicie­ron. Hicieron explotar sus au­tomóviles y asesinaron a nume­rosas personas. ¡Pero nada de eso conforma un caso de terro­rismo!

En cambio el pueblo pales­tino que se levantó para defen­der su propio suelo y hacer va­ler sus pisoteados derechos, para lo cual grita y toma pie­dras en sus manos –¡ni siquiera armas tiene!- ¡Son terroristas!

Ésta es la lógica norteamericana, la cual es errónea y el mundo no acepta.

Otro punto es que dicen “no existe terrorismo bueno y terro­rismo malo, sino que todos los terroristas son malos”. Pero el caso es que ellos mismos en la práctica dividen el terrorismo en bueno y malo. En el firma­mento del Golfo Pérsico hacen explotar, desde un navío, un avión de pasajeros iraní con cientos de pasajeros sin ningún motivo ni excusa, y cientos de personas son despedazadas y ahogadas; tras ello no sólo no juzgan ni reprochan al coman­dante del navío, y no sólo no pi­den disculpas a Irán sino que premian al comandante. Eso es “terrorismo bueno”. Esa es una lógica equivocada. El concepto es erróneo, y esperan que sobre la base de ese mismo concepto erróneo todo el mundo se aliste y se disponga detrás de ellos y haga todo lo que quieran, y que los demás no sólo no objeten, ¡sino que todos deben ayudar­les!

El conjunto de indicios y tes­timonios señalan que hay otra cosa detrás de ese escenario que hoy se ha montado en torno a la cuestión de Afganistán. Af­ganistán oprimido y sin defen­sor, se encuentra frente a sus garras, a causa de que un indi­viduo, o diez, o cien, o digamos mil individuos sospechados de provocar las explosiones de Nueva York y Washington se encuentran dentro de ese país. Pero detrás de este escenario hay otra cuestión. Los primeros indicios señalan que el Estado norteamericano pretende hacer lo mismo que hizo en la guerra del Golfo Pérsico en esta zona, o sea venir a instalarse en Asia Menor y el subcontinente indio y tener luz verde para hacer presencia con la excusa de que no hay seguridad en la región. En segundo lugar, su propósito es ajustar cuentas con quienes en la cuestión palestina defien­den a esos oprimidos. Las otras cuestiones no son sino una fa­chada del caso.

Otro punto es que estos indi­viduos en sus declaraciones re­piten que “en este caso Irán debe ayudarnos de diferentes formas”. ¡Yo me asombro como éstos tienen la desfachatez de solicitar ayuda al gobierno de la República Islámica y al pueblo iraní! Hace veintitrés años que ustedes hacen todo lo que esta a su alcance para perjudicar a esta nación. ¿Ahora esperan que les ayudemos? ¡Y qué tipo de ayuda! Aunque Afganistán no hubiese sido una nación mu­sulmana, ni hubiese sido opri­mida, ni hubiese sido nuestra vecina, aún así ese pedido sería desubicado, qué decir en este caso que esa nación está opri­mida y desposeída.

Realmente que el corazón del ser humano debe sentir lástima por la nación de Afganistán. ¿Esperar ayuda de la República Islámica? No. En el ataque de Norteamérica y sus aliados con­tra Afganistán no brindaremos ningún tipo de ayuda.

En resumen, nosotros no creemos que Norteamérica sea sincera en su lucha contra el te­rrorismo. Ellos no son sinceros, mienten y persiguen otros obje­tivos.

Consideramos que Norteamérica no tiene la ido­neidad para liderar el movi­miento mundial contra el terro­rismo. Las manos de Nortea­mérica se encuentran impreg­nadas de todos los crímenes que el régimen sionista cometió en todos estos años, y en estos días prosigue con sus crímenes con toda inclemencia y salvajismo.

Todos deben saber que el Irán islámico no participará de ningún movimiento liderado por Norteamérica –y eso es algo que fue manifestado por nues­tros funcionarios en sus reu­niones privadas y entrevistas, y algo que yo mismo repito-. Por supuesto, la lucha contra el te­rrorismo y la inseguridad del entorno de la vida del ser humano, es una lucha obligato­ria, necesaria y sagrada. Todo aquel que pueda participar en esta lucha debe hacerlo. Solo que éste conforma un movi­miento, por lo que debe contar con un liderazgo idóneo.

Nuestros funcionarios, en es­tos días han manifestado repe­tidamente que en el marco de las Naciones Unidas nosotros estamos dispuestos a cooperar con dicho movimiento y mar­char junto al mismo. Yo en lo particular digo: ¡Sí! Las Nacio­nes Unidas está bien, solo que con una condición, y es que las Naciones Unidas no se dispongan bajo la influencia de Norteamérica y otras grandes potencias, ya que si no es así, y las Naciones Unidas –ya sea el Consejo de Seguridad u otro cuerpo de la misma- se dispone bajo la influencia de aquellos, no será de confiar. Nosotros en el pasado no hemos tenido una buena experiencia a este res­pecto.

Los Estados islámicos tienen una gran responsabilidad en este particular, deben ingresar a la escena primero, en nombre de un gran movimiento humano y mundial contra el terrorismo, la amenaza contra la vida de las personas y la agresión con­tra la vida común y cotidiana de los ciudadanos –lo cual con­forma una gran responsabili­dad, y la organización de la Conferencia Islámica, a este respecto tiene un deber, y no­sotros, como miembros de la Asociación de la Conferencia Islámica, consideramos que ello conforma una de las responsa­bilidades categóricas de dicha organización-; y segundo, por el hecho de que Afganistán es una nación musulmana y parte de la comunidad islámica, por lo que a este respecto debe jugar un papel activo.

El pueblo oprimido de Afga­nistán no tiene ninguna culpa. ¿Acaso la sangre de los que fue­ron asesinados en los edificios del comercio mundial de Nueva York es más colorida que la sangre del pueblo de Afganis­tán? ¿Por qué y cuál es la ra­zón? ¿Acaso porque el cuello de sus camisas está más desali­ñado? ¿Acaso porque están pri­vados de higiene, comida, bien­estar y seguridad –y ello por verse bajo el dominio de aque­llos que por largos años fueron aleccionados por las grandes superpotencias? Antes del golpe de Estado de hace veinte y pico de años, aquellos que se encon­traban a la cabeza del gobierno estaban vinculados a las gran­des potencias. Después llegaron los comunistas vinculados a la ex-Unión Soviética. Luego aquello que la misma gente sabe y está viendo.

En los últimos tiempos, el destino de la gente afgana siempre ha estado delimitado por la intromisión de las poten­cias mundiales. Ese es el mo­tivo de la pobreza y el atraso de los afganos, y sino, en verdad que la gente de Afganistán es libre, valiente y muy capaz, po­seedora de una cultura pro­funda y antigua.

Nosotros conocemos al pue­blo afgano y hemos vivido con ellos por muchos siglos. Noso­tros sabemos que son un pueblo con una gran capacidad, y que no tienen absolutamente nada menos que la gente de otras partes del mundo, sino que en muchos aspectos tienen más. ¿Qué pecado cometió esta gente que debe ser víctima de los di­ferentes propósitos y políticas? A este respecto la organización de la Conferencia Islámica y los países islámicos tienen la res­ponsabilidad de ingresar a es­cena en forma sensata y hábil, e impedir que esta gente siga recibiendo golpes.

Digamos que unos cuantos terroristas han hecho su gua­rida allí –algo que no sabemos si es verdad o mentira y es sólo una invocación de los nortea­mericanos-, ¿por qué las culpas de esos cuantos debe endosarse a todo el pueblo afgano? ¿Por qué el pueblo de Afganistán debe ser pisoteado?

Traducido del persa por:

Feisal Morhell


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