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No hacemos distinción entre los Mensajeros de Dios



Mensaje de su Eminencia Aiatul·lah Jameneî leído en la Conferencia del Milenio de los Líderes Religiosos para la Paz Mundial realizada en la sede de la ONU

Considero la reunión de los representantes de las religiones del mundo como un acto bendito y adecuado, por eso pido a Dios Todopoderoso el éxito para la materialización de las palabras y la continuación del esfuerzo para que la humanidad pueda aprovechar las enseñanzas de la religión divina.

Hoy, los líderes de las religiones se consideran los sucesores y seguidores del camino de los profetas. ¿Cuál ha sido el objetivo de las religiones divinas y su mensaje para el pueblo?

La respuesta dada a esta pregunta, en la actualidad, debe iluminar el camino de todos los que tienen en sus manos la bandera de la religión.

Sin duda alguna todas las religiones han procurado la bienaventuranza del ser humano y cada una según las condiciones de su tiempo y lugar han ofrecido al pueblo un programa venido de Dios. Los profetas, en su totalidad, han soportado largos y penosos esfuerzos para proclamar y materializar su mensaje, y así se han erigido en los recuerdos, grabando su nombre como destacados ejemplos del sacrificio por concretar su idea.

Esta lucha y esfuerzo en el camino de Dios en pro de la prosperidad del pueblo, generalmente se realizaba en oposición a anhelos personales, ambiciones o ignorancias, todo lo cual exacerbaba a los malintencionados. La historia del mundo y los libros sagrados de las religiones están repletos de menciones de estas luchas, y de elogios a aquellos combatientes.

La religión divina no limita la prosperidad a un cierto pueblo, tiempo o lugar, tampoco se le impone a la gente, ni considera que se restringe a un solo aspecto de sus vidas, sino que el mensaje divino se dirige a todos los pueblos en todos los lugares y tiempos y comprende tanto la vida individual como la social. Los profetas, atrayendo la confianza de la gente y despertando su razonamiento y su pujanza, les obsequian la guía divina y les despliegan un camino recto hacia la prosperidad y la rectitud.

La experiencia de los siglos recientes y especialmente el siglo XX, demostró que el avance de la ciencia por sí solo, no lleva al hombre a la felicidad ni conlleva el establecimiento de la paz. La ciencia solo beneficia a la sociedad humana cuando se ensambla con el amor, las elevadas motivaciones y la fe, y estos ideales los encontramos insertos en las religiones.

No es adecuado que consideremos el programa de los mensajeros para la felicidad del ser humano restringido al accionar individual y a su relación espiritual con Dios, e ignoremos el gran escenario de la relación interhumana, el hombre con la sociedad, el hombre con el medio ambiente y la conformación del sistema social y político.

Nosotros creemos que todos los profetas divinos han dado pasos en este camino iluminado y amamos y creemos en todos los profetas: “No hacemos distinción entre ninguno de los profetas de Dios.”

Las religiones divinas consideran al mundo como un lugar de aprendizaje para el hombre en el cual se le prueba la fe en Dios, y sostienen que el único camino para la perfección espiritual del hombre es la construcción de un mundo sano alejado de los efectos de las injusticias, egoísmos, estrechez de miras de los deseosos de poder, y de la debilidad, ignorancia y pasividad de los pusilánimes. Y para lograr tal mundo se han esforzado.

La desatención hacia la naturaleza, sus fuerzas y sus leyes que fueron establecidas para la elevación del hombre, es tan rechazada y condenada como lo es el uso tirano y corrupto de las mismas.

La salubridad del medio donde el ser humano se educa significa la salud y la paz en la actitud del ser humano con su Dios, consigo mismo, con otros seres humanos y con la naturaleza que le rodea. La paz en este sentido global, es una de las mayores necesidades del ser humano para lograr el desarrollo y la salvación.

Esta paz tiene que provenir de la fe y el pensamiento. Los profetas se han esforzado por llevar a cabo esta verdad. El medio en el que domina el silencio como consecuencia de la fuerza, terror y el engaño aplicados por los tiranos, o sea los agentes del capital y la fuerza en diferentes partes del mundo, es completamente diferente e incluso contradictorio con la paz a la que los albriciadores de la salvación nos han invocado. La paz tiene que ser en base a la justicia, a la comprensión de la dignidad humana y el alejamiento de las malas intenciones de las deseosos de poder en el mundo.

El silencio impuesto a un pueblo que se ha sublevado para recuperar sus derechos pisoteados no es la paz a la que nos han exhortado los Mensajeros de la paz celestial.

En el transcurso de la historia, los expansionistas que no pensaban en otra cosa más que en satisfacer sus ambiciones ilimitadas, siempre han querido sacar provecho de la religión y las personalidades religiosas para conseguir sus fines hegemónicos

Ninguna religión divina ha ratificado este gran engaño. Muchas de las guerras en apariencia religiosas, han estado impregnadas con tales malas intenciones.

La religión no se pone a servicio de las políticas expansionistas, sino que considera el ámbito de la política y la administración de los asuntos de la sociedad humana como partes de su esfera, y al manifestarse como sistema político apoyado en el amor y la creencia del pueblo, la religión lucha contra tales ideas políticas.

Muchos de los amos del colonialismo mundial y los políticos expansionistas evitan la penetración de la religión en el dominio de la política y pregonan la existencia de una barrera impenetrable entre la religión y la política, a pesar de que son ellos mismos quienes nunca la han respetado interviniendo y sacando provecho de la religión.

El mundo actual afronta el problema de la corrupción moral. Las religiones pueden disponer el remedio y desplegar la vía para solucionar este dilema, aunque esto exige la presencia y vigencia de la religión en todo el cuerpo de la sociedad, y el poder equilibrar y purificar las motivaciones económicas que incrementan la corrupción moral.

Hoy en día, el Irán islámico presenta una exitosa experiencia al mundo por la formación de un sistema político en base a las enseñanzas religiosas. El más grande desafío de la República Islámica es neutralizar las trabas e inconvenientes que le imponen los grandes expansionistas del mundo, quienes no admiten ningún obstáculo en la vía hacia la realización de su tiranía y su expansionismo.

Amigos y concurrentes: si los líderes de las religiones divinas aceptan que se han ubicado en el sitial de los profetas, entonces tienen frente a sí un camino iluminado por aquellos mensajeros de la felicidad humana. Es un camino con muchos esfuerzos y muchos obstáculos, pero también conlleva al placer y a la satisfacción del que lo emprende y finalmente concluye en la satisfacción divina.

Por cierto que Dios auxilia a quien le auxilia a Él y a Sus Mensajeros. Que la alabanza sea para Dios, Señor del Universo.

Seîîed ‘Alî Huseînî Jameneî

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